El Método Polea: diagnosticar, anclar, tensar, elevar y soltar
Una polea multiplica la fuerza de quien tira de ella, pero solo si está bien anclada y la cuerda está tensa. Así trabajamos con una pyme: cinco fases que llevan del dueño que lo hace todo a un equipo que lleva la empresa sin nosotros. Y empezamos siempre por entender el negocio.
Las cinco fases
Diagnosticar: entender el negocio antes de tocar nada
El primer paso es un diagnóstico estratégico. Se analizan las cifras, el margen por cliente y por producto, la estructura, el equipo y las decisiones que llevan tiempo pendientes, y se habla con el dueño y con las personas clave. Sirve para saber dónde está el problema de verdad, que no siempre es donde parece. Antes, en una llamada de 20 minutos, vemos si hay encaje.
Lo que tienes al terminar: un diagnóstico claro y una hoja de ruta acordada. Es un pago único (ver inversión). Puedes empezar antes con el autodiagnóstico gratuito.
Anclar: el mandato escrito
Con la hoja de ruta acordada, se fija por escrito qué decisiones se toman, con qué límites y ante quién se responde. Se acuerdan los días, la cuota y el objetivo.
Lo que tienes al terminar: un mandato claro y firmado. Sin ambigüedades sobre quién decide qué.
Tensar: un plan realista
Se diseña contigo el plan que más le conviene a tu pyme, con pocas prioridades, métricas realistas y objetivos alcanzables. Se monta un cuadro de mando sencillo para saber cada semana si el plan avanza.
Lo que tienes al terminar: un plan escrito, unas prioridades ordenadas y unas pocas cifras que se miran de verdad.
Elevar: ejecutar a tu lado
Es la fase más larga. Normalmente tres o cuatro días al mes, sentados contigo en las decisiones que marcan el año: precios, inversiones, clientes clave, estructura y equipo. Reuniones que sirven, responsables por objetivo y revisión trimestral para seguir, ajustar o cerrar.
Lo que tienes al terminar: el plan ejecutado, no guardado en un cajón.
Soltar: el relevo y la salida
Desde el primer día se forma a quien se queda. Nos retiramos cuando el relevo está preparado y el cuadro de mando funciona sin nosotros. Una polea se retira cuando la estructura aguanta sola: ese es el objetivo declarado.
Lo que tienes al terminar: un equipo capaz de llevar la empresa y un dueño que ya no es el cuello de botella.
Desde el mandato hasta la salida pasan normalmente de doce a dieciocho meses. No es un ciclo cerrado: en la revisión trimestral se decide si seguir, ajustar o terminar antes.
Qué no es
No es un informe
La consultoría entrega un documento y se va. Aquí el plan se ejecuta contigo y se mide si funciona.
No sustituye al dueño
Trabajamos como interlocutor de igual a igual. Tú sigues decidiendo lo que es tuyo; nosotros ayudamos a decidir mejor y a que se haga.
No crea dependencia
Cuota cerrada, sin indemnizaciones y con salida planificada. Si el equipo ya puede sin nosotros, lo justo es irnos.
Cómo sabrás que funciona
Menos decisiones a tu puerta
Tu equipo decide dentro de límites claros y tú solo ves lo importante.
Prioridades conocidas
Todos saben cuáles son las tres cosas del trimestre y quién responde de cada una.
Cifras que se miran
Hay un cuadro de mando sencillo y se usa cada semana, sin esperar al cierre del año.
Puedes desconectar
Puedes ausentarte dos semanas y la empresa sigue. Es la prueba final.
¿No sabes por dónde empezarías? Haz el autodiagnóstico de diez preguntas y mira qué te haría falta primero. Si prefieres comparar con otras opciones, lo hacemos en director externo o contratar en plantilla.
¿Te falta dirección o te falta tiempo?
Cuéntanos qué problema quieres resolver y te decimos con franqueza si el Método Polea encaja con tu empresa.